LOS IMAGINARIOS DE LA LITERATURA EN CELTIBERIA. Manuel Rico (escritor y crítico literario)

CELTIBERIA VIVE EN LA GEOGRAFÍA Y EN LA IMAGINACIÓN QUE ALIMENTA LA LITERATURA

Manuel Rico

Celtiberia es un territorio que, basado en sólidas raíces históricas, el paso del tiempo y la evolución económica y poblacional ha ido difuminando en la realidad al tiempo que se conformaba como espacio imaginario o recipiente de un escenario geográfico mítico.

            Sus características llevan a pensar que se trata de un ámbito con más pasado que presente y, por supuesto (salvo que la política lo evite), con más presente que futuro. Con fronteras inciertas, permeables, esponjosas: es como si, por una dinámica interior mágica y extraña, huyera de las certezas y tendiera a mantenerse en la condición de existencia fantasmal. Una tierra fantasma construida en el filo de lo legendario con fragmentos de realidad sin embargo, con ciudades con nombre y con una orografía tangible.

            Los mapas, que comenzaron a conformarse a partir de la dominación romana, nos dicen que Celtiberia ocupó (ocupa) parte de las Comunidades Autónomas de Aragón, Castilla y León y La Rioja. Desde el punto de vista de la división provincial abarcaría toda la actual de Soria, la zona más al sur de las de Burgos y Rioja, el este de Segovia, el Suroeste de Teruel, el Oeste de Zaragoza, el Nordeste de Guadalajara y parte de la provincia de Cuenca. Sus ciudades son pequeñas, incluso las que tienen la condición de capitales de provincia como Teruel o Soria: Sigüenza, Molina de Aragón, Burgo de Osma, Daroca, Calatayud y Tarazona, ciudades en gran parte de decadencia y con un glorioso pasado del que ha quedado un valiosisimo legado monumental, completarían ese mapa incierto y flexible.

            Todos hemos leído y hablado de un legado literario que viene del Medievo y que es tan permeable como sus zonas fronterizas, como sus límites: Marcial, que está en los orígenes, el Arcipreste de Hita, Gonzalo de Berceo o Braulio Foz, un auténtico impulsor del Hujmanismo vinculado a la historia del Aragón del siglo XVIII, y el narrador novecentista Benjamín Jarnés, nacido en el zaragozano pueblo de Codo.

            Pero lo que me interesa hoy resaltar es todo aquello que, en relación con esa Celtiberia mítica, asoma en la realidad física y en los mapas imaginarios de la segunda década del siglo XXI. Es decir, el salto a la actualidad que he advertido en los últimos años y que coloca a Celtiberia en la agenda informativa y cultural presente. Me refiero a dos libros que he leído en el último año y que focalizan su atención en la España deprimida y casi deshabitada: La España vacía, de Sergio del Molino, y Los últimos, de Paco Cerdá.

            Se trata de dos ensayos, de dos crónicas que dibujan la realidad desolada y vacía de un territorio olvidado, casi abandonado. Es evidente que estamos ante el dibujo de escenarios atractivos, casi fascinantes en una cultura y en una civilización que apuestan de modo tan decidido como irresponsable por el mundo urbano, por las grandes ciudades.

Pero entre Jarnés y los dos libros citados ha habido numerosas obras que han ido dibujando, parcialmente, el microcosmos celtibérico.

            Pienso en Cees Noteboom, cuyo libro El desvío a Santiago, un viaje por España e principios de los ochenta, se inicia con un recorrido “De Aragón a Soria”. Curiosamente, Soria ha tenido, desde Julio Llamazares, que la cantó en prosa en su  libro de viajes Cuaderno del Duero, hasta Avelino Hernández, autor de una maravilloso Donde la vieja Castilla se acaba, pasando por Josep María Espinás, autor de A pie por Castilla, Dionisio Ridruejo, artífice en 1969 de una Guía de Castilla la Vieja que en estos últimos años está reeditando en volúmenes independientes los capítulos dedicados a Soria, Burgos y Segovia.

            Una sierra incógnita, muy poco visitada pese a elevarse no muy lejos de la capital de España, es la Sierra de Ayllón. Un autor nacido en Barcelona como Jorge Ferrer-Vidal Turull, que destacó en el tiempo en que fue creciendo el peso de la Generación del 50 (Marsé, Goytisolo, Carmen Martín Gaite, Aldecoa…), escribió dos libros memorables que tienen las zonas fronterizas con el Duero de la Celtiberia como escenarios preferentes: me refiero a Viaje por la sierra de Ayllón y Viaje por la frontera del Duero. Es la Celtibera limítrofe con el Duero la tierra por la que discurre el libro de Ernesto Escapa Corazón de roble y es la más pobre y abandonada del norte soriano la que vive (o muere) en los libros del soriano Abel Hernández sobre su pueblo de origen, Sarnago, y sobre la sierra en la que se levantó, la sierra de la Alcarama. José Antonio Gaya Nuño con El santero de San Saturio, radiografía el pasado de la capital soriana y Rubén Caba revisita, muchos siglos después, los parajes que recorrió el Arcipreste en su libro, recientemente reeditado en Gadir, Por la ruta serrana del Arcipreste.

            Ese mapa de publicaciones que se han acercado a una Celtiberia contemporánea, tiene su complemento en la labor de determinados poetas: pienso, por supuesto, en Don Antonio Machado, en Gustavo Adolfo Bécquer, en José García Nieto, en Gerardo Diego, todos ellos amantes de los paisajes y de las tierras que se extienden desde la capital soriana hasta la falda del Moncayo y el monasterio de Veruela. Y pienso en un autor muy anterior, Richard Ford, viajero inglés que recorrió España en el siglo XIX, que en su Manual para viajeros por España y lectores en casa, dedica un hermoso capítulo a su paso por la sierra de Albarracín y por el propio Albarracín llegando de Zaragoza.

            Curiosamente, no pocos autores han intentado vincular a la Generación del 98 con la descripción y con el canto a Celtiberia. Nada más alejado de la realidad. Salvo Antonio Machado, paradigma de esa promoción literaria, que dedicó una parte de su obra a la experiencia vivida entre los Campos de Castilla (Soria ante todo) y los de Jaén (Baeza), algunas cortas incursiones de Azorín (en sus libros Una hora de España, Castilla, España) y una gavilla de viajes de Miguel de Unamuno por sus bordes en Andanzas y visiones españolas, no hay una literatura que se interne en Celtiberia con todas las consecuencias.  

            Hasta aquí un acercamiento al quizá único territorio mítico, visible hoy en gran medida, que ha permanecido visitable para las generaciones que han nacido con la transición política  española.  Creo que se trata de una obra literaria diversa y de muy alta de calidad. A mi parecer, se impone comenzar a trabajar en una antología literaria de la Celtiberia. Iniciándola con fragmentos o páginas de los autores aquí apuntados.

Enlace página de PRAMES: https://aragondocumenta.com/la-celtiberia-literaria/

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