LOS SISTEMAS DEFENSIVOS

Conferencia dictada por Gloria Pérez (arqueóloga y miembro de la AAC) en Anento ( Zaragoza) el 1 de agosto de 2020.

Durante todo el siglo II a.C, se van a producir, las llamadas Guerras Celtíberas, en las que Roma va a conquistar  la Celtiberia. En los siglos II y I a. C Roma  derrota a Cártago  y conquista  todo el Mediterráneo teniendo que hacer frente a potencias con muchos más recursos y efectivos. ¿Por qué resistieron tanto estas ciudades-estado celtíberas frente al imperialismo de Roma?. La respuesta habría que buscarla, en los sistemas defensivos de los asentamientos celtíberos y su propia configuración y distribución por el territorio, en la duración de las guerras celtíberas, en  la sociedad indígena basadas en  élites guerreras y los sistemas defensivos que nos aporta la arqueología.

Los sistemas defensivos celtíberos que  en muchos casos eran desproporcionados para la cantidad de habitantes que componían un asentamiento, tienen su origen en la idiosincrasia de la sociedad celtíbera y sus propias luchas internas. Estas murallas no nacen por la necesidad de defenderse ante un ejército poderoso como fue el romano, sino como una necesidad interna de las sociedad celtíbera, tanto económica como militar.

Para poder llevar a cabo una guerra de desgaste, es necesaria la existencia de una red de fortificaciones; castros, asentamientos y ciudades fuertemente amuralladas, las cuales,  ofrecen un importante refugio a los guerreros celtíberos. Las fortificaciones van a desempeñar un papel vital durante toda la guerra como: fortaleza, base de operaciones, control del territorio, almacén de provisiones y centros de producción de manufacturas.

Las ciudades estado celtíberas concentran el gobierno y la administración territorial. Estos oppida  ralentizan a Roma en su avance  y van a ser uno de los objetivos principales en la conquista de la Celtiberia por parte de los cónsules romanos en busca de  riqueza, honor y gloria.

La guerra para los celtíberos es un fenómeno de gran relevancia social, que les permite conseguir prestigio y riquezas. Periódicamente se organizaban contra los territorios vecinos, así como la habitual presencia de estos guerreros como mercenarios al servicio de turdetanos, íberos, cartagineses y romanos. A partir del siglo III a.C.,  las ciudades ejercen un efectivo control de todo el territorio controlando los castros y poblaciones menores, convirtiéndose en los centros políticos de la zona. Estas ciudades, tenían la capacidad de elegir a sus propios jefes guerreros y a los cargos militares.

La arqueología nos aporta el carácter defensivo de los asentamientos celtibéricos se pone de manifiesto a partir de la propia elección del emplazamiento, se reducen a sencillas murallas adaptadas al terreno o a un simple muro cerrado al exterior formado por las paredes de las casas. En los casos más complejos, los asentamientos se protegen con potentes murallas, a veces dobles, que contornean todo el perímetro del castro, adaptándose a la topografía del cerro, o, complementado ésta, especialmente los cortados naturales. Las zonas más vulnerables son reforzadas con campos de piedras, foso, torreones, etc.

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