II PREMIO DE MICRORRELATOS «AMIGOS DE LA CELTIBERIA»

La autora madrileña Anunciación Marqués Copairate ha sido la ganadora del II Premio de Microrrelatos «Amigos de la Celtiberia» en categoría juvenil con La fundadora

LA FUNDADORA


Era noche cerrada en la aldea. Todos se hallaban ya en sus tiendas, dormidos alrededor de la gran hoguera que crepitaba con las últimas ramas antes de extinguirse.
Todos menos Daroca.
Tumbada boca arriba con los brazos sobre el pecho, la niña se aferraba casi con rabia al pequeño triskel colgado de su cuello regalo de Arkilos, el druida del pueblo. No dejaba de cavilar sobre todo lo que había sucedido aquellos días.
Muchas cosas habían cambiado desde la temprana muerte del sacerdote. Ahora su hijo se veía obligado a realizar las tareas que su padre dejó pendientes. Ella sabía por él que los numerosos deberes no eran de su agrado, pero era lo que debía hacer. Al menos hasta que ella fuera lo suficientemente mayor como para tomar el relevo.
Hasta entonces, Daroca tenía un largo camino que atravesar. Y sospechaba que comenzaría muy pronto.
Observó fijamente el pequeño collar, que ahora refulgía con una extraña luz azulada. Aún no entendía realmente por qué su tío había decidido otorgarle el triskel, su mayor símbolo de poder. Solo podían portarlo los druidas, los líderes espirituales de la comunidad, los más sabios.
Pero ella solo tenía nueve años. Y ninguna dote mágica a su servicio, a diferencia de la mayoría de sus antecesores. Sin embargo, el sacerdote la había elegido a ella.
Arkilos le había hablado de retos que debía cumplir y sacrificios que debía realizar. Tomaría decisiones que, según él, cambiarían el curso de la historia de su pueblo. La historia de sus hijos, de sus nietos, de todos sus descendientes.
Sus últimas palabras resonaban tenues, como traídas por la pequeña brisa que se colaba por la rendija de su tienda:
“Tú nos salvarás de desaparecer”, había dicho el druida. “Tú formarás la nueva Celtiberia”.
La luz del triskel se acentuó. El pequeño colgante brillaba ahora con la intensidad de mil lunas llenas. Daroca se lo quitó del cuello, y lo sostuvo un buen rato con la palma de la mano.
—Está bien —dijo—. Veamos qué nos tiene deparado mi futuro.

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