La molesta Celtiberia

Alberto Gonzalo. AAC

Las Comunidades Autónomas nacieron desde una trasnochada visión de tradición medieval del territorio. Partiendo de este principio los políticos empezaron a crear una identidad que apoyara sus prácticas de clientelismo cerrado; auténticos reinos de taifas que vivían de espaldas a sus vecinos. Hubo momentos en que era más difícil llegar a un acuerdo con la Comunidad vecina que con cualquier país de Europa.El acuciante problema de la despoblación de la España Rural hizo aflorar una identidad inesperada: la Celtiberia. Este territorio, símbolo del abandono institucional de la España interior se ajustaba mal a la organización territorial impuesta durante la Transición. Si bien en un momento se miró con simpatía desde las instituciones, como algo entre arqueológico y folclórico, enseguida comprendieron que llevado al campo de lo social era un obstáculo para su política de fronteras del poder.

La Celtiberia es un territorio natural precisamente por ser una frontera, es el elemento de conjunción entre las Mesetas y el Valle, entre lo atlántico y lo mediterráneo y todo lo que ello implica tanto histórica como culturalmente. Dos puntos cualesquiera de la Celtiberia tienen a menudo más en común que otros dos puntos distantes de las CCAAs que la contienen.Esta situación es extrema en lo que se puede considerar la columna vertebral de la Celtiberia: la Raya entre Aragón y las Castillas, porque es así, con mayúsculas, como sus habitantes la conocen. La Raya: una larga línea desde las tierras del Moncayo hasta las de Molina de Aragón donde sus habitantes han convivido- a pesar de sus señores- se han casado a uno y otro lado y tienen culturas y vivencias similares y que han visto estupefactos como, durante estos tiempos de pandemia- por poner un ejemplo reciente – no podían comprar, utilizar los servicios e incluso visitar a sus familiares cercanos en lugares que tradicionalmente han sido su espacio de desenvolvimiento.

Y yendo a un caso particular, la cosa linda con lo ridículo en el territorio del Alto Jalón: unido por un rio que actúa de eje vital, que además es vía fundamental entre las zonas más pobladas del país, aparece dividido entre dos provincias y dos comunidades autónomas. Alto Jalón: espacio geográfico real muy bien definido por la historia pero que las instituciones se empeñan en ignorar englobándolo en otras macrocomarcas. Aquí lo que está permitido a un lado es casi delito en el otro, legislaciones diferentes cuando no contradictorias y sobre todo la marginalidad de lo periférico: lo que no interesa al neocentralismo de Valladolid o Zaragoza convierte a un territorio que podía ser pujante, por su situación estratégica, en depauperado.Seguro que hay más casos, cada cual que se lo aplique. La Celtiberia es la evidencia de que la España de las Autonomías no está dando ninguna solución efectiva a la despoblación: su encastillamiento, su centralismo de nuevo cuño, su visión paticorta nos hace entender a todos los que alzamos esa bandera simbólica que, queridos míos: somos profundamente molestos.

La guía que situará a la Celtiberia en el mapa

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Próximamente la editoriaL aragonesa PRAMES lanzará la primera Guía de la Celtiberia. Un país imaginado, coordinada por Javier Hernández Ruiz, miembro de nuestra asociación, como muchos de los que han colaborado como especialistas en los distintos capítulos: Ángel Muñoz (geografía), Alberto Gonzalo, Marta Chordá y Gabriel Sopeña (arqueología), José Luis Corral y Miguel Ángel Dolado (Historia), Vicente Checa (Etnografía), Rafael Yuste (Arte), Manuel M. Forega, Jesús Rubio y Jose Verón (Literatura), Carmelo Romero (personajes), Chabier de Jaime (Naturaleza), etc. Es una guía ilustrada, muy icónica y dinámica, dotada de mapas con rutas que servirán para valorizar el enorme patrimonio ecocultural del «País de las Cuatro Culturas», cuya condición fronteriza a lo largo de la Historia ha deparado esta riqueza mestiza. Es la Celtiberia un horizonte por descubrir que resultará especialmente estimulante a ese viajero amante de la cultura, la etnografía y la naturaleza que, tras la pandemia, quiere descubrir el revalorizado paisaje de la España despoblada. La Celtiberia es un país ideal para recorrer con los ojos de la imaginación: las sorpesesas son inagotables.