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Opinión: «Industria y (des)población»

Por Miguel Ángel Gracia Santos.

La crisis del Covid-19 y la penuria de materiales médicos de primera necesidad, que ha habido que traer desde China o India, ha puesto de manifiesto algunas consecuencias graves de la desindustrialización de Europa.  En España, la sucesión de anuncios relacionados con el cierre o deslocalización de industrias (Nissan, Alcoa, Schindler…) muestra también la debilidad de nuestro tejido industrial y su posición periférica en el mundo global, y cómo algunos de los sectores más significativos de la industria española (particularmente, la automoción) son subsidiarios de las decisiones empresariales y financieras y de los desarrollos tecnológicos que tienen lugar fuera de nuestras fronteras.  Contribuye también a la desindustrialización La pérdida de ventajas competitivas tradicionales (como el cambio de moneda, tras la entrada en vigor del euro, o el coste de la mano de obra, en un entorno global donde Europa del este, China o el norte de África tiran a la baja de los salarios).

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La visión urbana de los media

Por Manuel Martínez Forega

Otro síntoma —y no menor— de que la España rural, la España vaciada es asunto que no interesa ni a los gobiernos, ni a los media lo encontramos en la visión absolutamente urbana, centrípeta de la información que desde hace un mes capitaliza los programas y las redacciones de los medios de comunicación: unos menos que otros, pero la diferencia es meramente testimonial. Sabemos (y, si no, lo deducimos) que ningún medio de comunicación, ya sea radiofónico, audiovisual o escrito, es independiente y, por lo tanto, el receptor acepta implícitamente semejante condición contradictoria. Todos estos media o están orientados hacia una ideología o su financiación está en buena parte supeditada a la publicidad (que es otra forma de ideología). Pero pertrechados en la convicción de su poder (Ángeles Barceló llegó a decir en la SER que el periódico era un bien de primera necesidad), más de una vez se pasan de castaño oscuro ya sea en la morfología, en el tiempo dedicado a la noticia, en la semántica, en la jerarquía de la noticia, en el contenido… o en todos esos factores a la vez. La monotemática condición que ha impuesto la tragedia de la pandemia vírica, ha dejado al desnudo y revelado las verdaderas convicciones de los medios de comunicación, esas convicciones tan limpiamente tonsuradas en la coronilla de los informadores que su práctica resulta incluso irreflexiva, actúa de modo automático, como la liturgia sacerdotal en el sacrificio diario de comer el pan y beber el vino del Señor (póngase aquí el nombre que convenga) o la letanía ora pro nobis. Una de las premisas de su ejercicio periodístico —según sea el emisor— es bien clara: no cuestionar el poder político, o cuestionarlo hasta la estupidez; otra, omitir los hechos noticiables que atenten contra el honor o el prestigio del Señor; y una tercera (aunque hay más) la escandalosa demagogia con que tantas veces se redactan y se transmiten las noticias. A los media se les llena la boca de «libertad», de «independencia», de «autonomía», de «objetividad»… Pero todos esos femeninos altisonantes se los comen luego a dos carrillos. Su invocación es mentira, es retórica pura, es tan sólo un deseo permanentemente insatisfecho, aunque ninguno de ellos lo sufre: prefieren ignorar a Tántalo porque la espada damoclesiana pende de un pelo equino sobre sus tonsuras. Es mentira, porque (como ya dijo hace unos cuantos años nuestro querido Ángel Guinda): «Para que haya libertad de expresión tiene que haber también libertad de impresión».

¿Son rurales las zonas rurales?

A veces es bueno pararse a pensar un poco en aquellos términos o palabras que utilizamos con frecuencia, normalmente asignándoles un determinado significado, que no tiene por qué corresponderse con la realidad.  Y es importante, porque del uso de determinados adjetivos se desprende muchas veces la connotación u orientación de una determinada política.  Es el caso de las políticas de desarrollo rural, y qué entendemos por “rural”.

Miguel A. Gracia Santos (publicado en consultoraeuropea)

Esto me ha venido a la cabeza mientras leía, estos días, un artículo sobre tipologías de áreas rurales (el proyecto EDORA, del que ya tuvimos ocasión de hablar en este blog), y también una simpática caracterización de las áreas rurales, que tuve ocasión de leer en el nº 24 de la “Revista rural de la UE”.  Ésta incluía términos en ocasiones tan poéticos como “remansos asolados”, y “zonas rurales idílicas”.
Una primera pregunta que me hacía, inevitablemente, era: “¿En qué categoría entran las zonas rurales que yo conozco?”.  Pero, yendo más allá, me preguntaba, ¿hasta qué punto son rurales las zonas rurales?”.  Y es que, habitualmente, identificamos rural con agrario, y también, lo identificamos con poco poblado, remoto, o peor aún, con atrasado, cutre, o rústico (que la RAE define como “relativo al campo”, pero también “tosco; poco trabajado, sin pulimentar”.
Comparto una pequeña exploración que me he permitido realizar entre tres comarcas rurales de la provincia de Teruel: una es el Bajo Aragón (con una importante cabecera comarcal, Alcañiz), y las otras son Gúdar-Javalambre y la Sierra de Albarracín, zonas de sierras del Sistema Ibérico que se identificarían más fácilmente con ese tipo de “remansos asolados” o “región rural remota”.  Es más, hay quien sitúa en la sierra de Albarracín la “zona cero” de la despoblación, el epicentro de ese tremendo lugar llamado la “Laponia del sur”…
Como decimos, tendemos a identificar lo rural con lo agrario, y orientar gran parte de las políticas y los recursos a lo agrario.  Sin embargo, los datos nos dicen que, en las tres comarcas, el peso del sector primario es en torno al 4-5% de la economía (VAB comarcal), por debajo de los demás sectores del 13-17% de la construcción (los datos de son de 2017, una vez superada la burbuja inmobiliaria…), y desde luego por debajo del sector servicios (que se mueve en torno al 60%).
Los datos del empleo corroboran esta tendencia: el empleo agrario (en términos de afiliados a la S.S.) oscila entre el 10% y el 15% de la población activa, mientras el sector servicios (que va desde el turismo y la hostelería, a las finanzas y a todos los servicios públicos) aglutina entre el 57% y el 74% del empleo.
Es decir, hablamos de comarcas mucho más terciarizadas de lo que nos parece, los datos no reflejarían esa idea de un “rural agrario”, al menos en estos territorios.
No obstante, se dedica mucho dinero a sostener la agricultura y la ganadería.  Si nos fijamos en el régimen de pago básico de la PAC, éste deja cada año más de 5 millones de euros en la comarca del Bajo Aragón, 2,3 millones en Gúdar-Javalambre, y casi millón y medio de euros en la sierra de Albarracín.  Cifras que se reparten desigualmente (en el Bajo Aragón, los 10 principales perceptores -hay 1017- se llevan casi el 12% del montante de ayudas, pero el 22% de los perceptores reciben menos de 1000 euros), pero que tienen un peso fundamental para sostener el sector: en Gúdar-Javalambre y Albarracín, sólo esta Medida de la PAC representa un tercio del VAB comarcal agrario; dicho de otra manera, sin esta ayuda de la PAC el sector primario de estas comarcas, posiblemente, desaparecería.
El montante del pago básico, dedicado al mantenimiento más elemental de la renta de agricultores y ganaderos, contrasta con el dedicado, precisamente, a la diversificación de las economías rurales, a través de la Iniciativa LEADER; de este modo, vemos que las aportaciones de Fondos europeos para el pago básico son entre 5 y 10 veces superiores a la dotación europea para la diversificación y la innovación del tejido económico rural.
Sinceramente, creo que estas cifras merecen una reflexión, en torno, al menos, a tres ideas:

  • A pesar del carácter “no agrario” de muchas comarcas rurales, las ayudas son una especie de “café para todos”, que no tienen en cuenta las peculiaridades de cada zona, y que terminan destinando un gran volumen de recursos económicos al sostenimiento de una actividad de la que viven pocas personas y que genera poco valor añadido, es decir, con escaso o nulo efecto tractor. Dicho de otra manera, estas grandes ayudas públicas van a parar a muy pocas personas, muchas de las cuales, seguramente, no las necesitan para vivir.  Este dato es consistente, además de con la distribución que hemos visto, con noticias de la prensa, y con estudios que se han realizado por parte de las instituciones europeas.

  • Las ayudas LEADER son irrisorias, en comparación con las aportaciones del primer Pilar de la PAC (del que aquí hemos considerado solamente una de sus Medidas); y, sin embargo, se le exige al programa LEADER que tenga capacidad de tracción y de atracción de nuevas iniciativas emprendedoras, más que a ninguna otra fuente de recursos públicos (y, de hecho, demuestra muchas veces dicha capacidad). Y, al mismo tiempo, parece darse por sentado que “las ayudas de la PAC” (el pago básico) sean un subsidio, sin nada a cambio, un “fondo perdido” en el sentido más literal.

  • Es difícil hacer análisis contrafactual y, como decimos, seguramente sin ayudas básicas, el sector primario desaparecería en muchos lugares. Sin embargo, lo que parece claro es que este volumen de ayuda (nada desdeñable) no consigue, por sí solo, ni recuperar el sector, ni hacerlo más competitivo, ni fijar población, ni nada de eso que se supone que tendría que lograr. También es verdad que habría que hablar de precios agrícolas, de volatilidad, de globalización, y de muchas otras cosas, pero eso no impide la necesaria autocrítica sobre el destino y eficacia de las ayudas.
    Todo ello refuerza, entre otras cosas, la necesidad de profundizar en los análisis de tipologías de áreas rurales, y que las mismas sirviesen de base para la asignación de los recursos públicos, también dentro de las políticas europeas.  La necesaria elaboración de Planes Estratégicos de la PAC a nivel de Estado Miembro (y, en España, también a nivel de Comunidad Autónoma), tal como marca la nueva reglamentación de la PAC para el periodo 2020-2027 -actualmente en elaboración-, podría abrir una ventana de oportunidad para “afinar” dicha asignación de recursos, pero mucho me temo que las negociaciones en los diferentes niveles (Bruselas, Madrid, Zaragoza…) tienden más a garantizar el statu quo vigente, que a promover un modelo diferente de hacer las cosas y usar los recursos económicos, que tuviera también efectos diferentes…Y ya sabemos lo que dijo Einstein.

La España Vaciada: cuestión de estado


Asociación de Amigos de la Celtiberia

Iniciamos con este texto una serie de comunicaciones mensuales a cargo de este sitio web “SOS España Rural Interior”. Con esta propuesta, impulsada por la Asociación de Amigos de la Celtiberia (activa desde 2002), perseguimos situar los problemas que han llevado estos territorios en la UVI. Principalmente la despoblación, la madre de todas las miserias, que, además, acarrea el envejecimiento, la marginalidad en servicios y comunicaciones y la falta de incentivos desde las distintas administraciones. Estos territorios en su momento tuvieron su sentido, incluso su esplendor (el caso de la Celtiberia es paradigmático), pero hoy día están sumidos en un abandono inexorable. No hay gente, no hay votos, no hay servicios.
Queremos poner estos dramas en el centro de la opinión pública española y buscar soluciones. El problema se ha identificado, se ha radiografiado en muchos frentes acuciantes (la “Laponia del sur, sin ir más lejos), se ha publicitado, incluso ha entrado en la agenda de los políticos –muchas veces con sobrada demagogia-, por lo que priorizaremos las soluciones sobre esa machacona insistencia en las carencias que, lógicamente, las tendremos siempre muy presentes y, además, son el motor de nuestra lucha.
La España vaciada se está poniendo en pie. El día 31 de marzo de 2019 se visibilizará en una masiva manifestación en Madrid. Asociaciones ciudadanas como ¡Soria ya!, La otra Guadalajara, Teruel Existe, también nuestra Asociación de Amigos de la Celtiberia, y otras muchas, vienen reclamando un lugar en el sol del solar ibérico, tras décadas de marginación, silencio y olvido. España no puede dar la espalda a una gran porción de su territorio interior que languidece sin remisión. No son tierras inútiles, de ella parten los elementos necesarios para que subsistan las ciudades: agua, alimentos, oxígeno, energías limpias, territorio para ser atravesado por las vías de comunicación…
Es urgente afrontar un Pacto de Estado e implementar medidas urgentes para revertir tan dramática situación. Desde las distintas administraciones abundan las buenas palabras, también algunas deshilvanadas iniciativas paliativas; el tema está en la agenda y en los medios de comunicación. Pero no se ve una voluntad decidida de afrontar las distintas aristas de este complejo problema.
La prueba de esta falta de decisión gubernamental es que a día de hoy se pudre en un cajón el mejor instrumento del que se dotó el Estado para afrontar esta cuestión, la Ley para el Desarrollo Sostenible del Medio Rural, aprobada en 2007 pero no aplicada ni convenientemente desarrollada. El día que se recupere y se active este ordenamiento fundamental, donde se abordaban las principales carencias, se destacaban partidas presupuestarias y se apostaba por una necesaria territorialización comarcal para su aplicación, ese día empezaremos a creer algo. Lo contrario es palabrería y demagogia.
El problema rural no es metafísico, como parece sugerir ese no muy afortunado lema, tan querido por los políticos y comunicadores de la España vacía, quizá porque así se sienten menos responsables; el problema es histórico y nace de una sucesión de políticas conscientes de trasvasar mano de obra barata a las zonas urbanas; estas políticas suicidas se impulsaron desde los poderes (estatales y económicos) a lo largo del siglo XX, cristalizando en el franquismo y continuándose en el régimen democrático. El resultado es la España vaciada.
Ese Estado que fue responsable de semejante desastre tiene que tomar la iniciativa ahora para resolverlo. Además de la reactivación del citado marco legislativo y su desarrollo, apoyamos la implementación de proyectos de desarrollo sostenible en el ámbito rural, una discriminación positiva por parte de la administración, una puesta en valor activa del patrimonio (histórico, artístico, etnográfico, cultural y natural) y, en definitiva, todo aquello que ayude a mejorar la autoestima y la proyección pública de los habitantes de la España interior. El cambio de percepción de ese medio tantas veces denigrado, simplificado (el paleto) o tergiversado también es una cuestión perentoria en la que los medios de comunicación tienen mucha responsabilidad.
El momento político y social resulta especialmente delicado, con una serie de tensiones territoriales y políticas, con el siempre peligroso debate de la financiación autonómica, y con unos pueblos que, en la mayor parte de los casos, se encuentran ante la última oportunidad para no verse deshabitados por completo. Es en este momento cuando administraciones, empresas y la opinión pública española no pueden dar la espalda a sus territorios rurales de interior y dejarlos prácticamente condenados a muerte.
Este nuevo espacio pretende convertirse en un punto de encuentro y de reflexión al que invitamos a otras iniciativas ya sea desde el ámbito público o privado. Esta web es un lugar abierto donde tendrán cabida las iniciativas que trabajan en positivo para cambiar las cosas, para revertir una situación a la que es posible darle la vuelta. Sosrural.org está abierto a todo tipo de colaboraciones en esta línea.
Trabajamos en la actualidad para ofrecer contenido relacionado con las oportunidades que pueden generar acciones sobre fiscalidad positiva para el medio rural, las políticas que favorezcan la repoblación o pequeñas historias que sean a un tiempo ilustradoras de la realidad e inspiradoras de nuevas iniciativas.

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