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Luis Majarena y Javiwr Herández en un momento de la conferencia

Celtiberia, una cultura en la frontera

En la Casa de Cultura de Daroca tuvo lugar el pasado sábado 27 de junio la primera conferencia del ciclo Jornadas formativas que este año se dedican a la Celtiberia, organizado por la Consejería de Cultura de la Comarca Campo de Daroca en colaboración con la Asociación de Amigos de la Celtiberia, a la que pertenecen la mayor parte de los ponentes. El profesor universitario y escritor Javier Hernández Ruiz fue desgranando en esta primera conferencia en qué consiste la “Cultura celtibérica”, enmarcándola en el solar de la Cordillera (Celt)Ibérica. Fue esta una tierra de frontera desde los tiempos prerromanos en que se constituye la primera civilización que le da nombre, la celtibérica. Pero también fue muga durante el medievo entre el califato y las taifas andalusíes con los reinos cristianos, o entre éstos entre sí (Aragón, Castilla y Navarra) y hoy lo es entre comunidades autónomas, y entre la España más poblada y la vaciada.

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Murallas de Daroca

Ciudades monumentales de la Celtiberia

Pocos territorios en Europa pueden presentar este rosario de ciudades hoy decadentes pero plagadas de patrimonio que, con algunos restos de la Antigüedad, se agudiza en el Medievo y se prolonga en Era Moderna. El territorio celtibérico vinculado a Castilla desde la Edad Media fue Extremadura fronteriza, por lo que es habitual encontrar notables restos defensivos califales en Ágreda conviviendo con torreones cristianos y edificios de los siglos XVI y XVII; Medinaceli también conserva restos defensivos islámicos, no en vano fue capital defensiva de la Marca media en el califato. Su arco romano (s. II), convertido en icono de monumento nacional, da prueba de la importancia de esta encrucijada de caminos desde la Antigüedad que, ya en la Edad Moderna, fue ciudad ducal presidida por el palacio “escurialense” de Gómez de la Mora (1625). Almazán también fue testigo de eventos históricos relevantes (en 1158 Sancho III de Castilla creó la Orden de Calatrava y en 1375 se firmó la paz que finiquitaba la Guerra de los Pedros. De la ciudad medieval se conservan murallas y tres de sus cuatro puertas y de sus doce iglesias medievales se conservan la de San Vicente, San Miguel (con su singular cimborrio de finales del XII) y Nuestra Sra. del Campanario. Destaca el Palacio renacentista de la plaza Mayor, emblema del señorío de los Hurtado de Mendoza. Dos personajes insignes del Sigo de Oro a destacar, el gran teólogo Suárez, aquí nacido, y Tirso de Molina, que murió aquí.

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